6 - El estrés
En el colegio, algunos exámenes integradores me ponían nervioso. Paradójicamente, esos nervios no servían para nada: entorpecían el sueño, crucial para la creatividad, la lucidez y la memoria, nublaban el pensamiento en el momento más necesario, y generaban una taquicardia que dificultaba sentarme a estudiar o rendir los exámenes.
Recuerdo reírnos, junto a un amigo, pensando que nuestro sistema nervioso había preparado una respuesta fisiológica para escapar de los leones, y que ahora se confundía al punto de jugarnos esta mala pasada. ¿Qué tenía que ver un examen con un león?
Mucho más adelante, escuché exactamente la misma observación hablando del estrés laboral, incluída la imagen de los leones. Nuestras ironías contenían un error. Aunque es cierto que los leones o los lobos también nos causan estrés, nuestro sistema autónomo jamás confundió a los exámenes o las dificultades laborales con leones. Evidentemente nuestro sistema nervioso nos importunaba, pero por un motivo mucho menos disparatado.
Resulta que el término “estrés” tiene muchos significados. El uso científico más usual de la palabra está asociado a una serie de respuestas fisiológicas a distintos tipos de amenazas. El estrés fisiológico se caracteriza por la liberación de adrenalina y cortisol y la activación del sistema simpático, que obstaculiza el sueño y el apetito, aumenta los ritmos cardíaco y respiratorio, y dispone todo el cuerpo para “luchar o huir”. A simple vista, parece diseñado a medida para escapar de depredadores.
Para entender el estrés del examen o el trabajo, hacer demasiado zoom en el sistema nervioso genera confusiones, porque lleva a poner a todo el estrés fisiológico en la misma bolsa. Sin embargo, hay situaciones diversas que inducen respuestas conductuales diferentes intuitivamente, y sin embargo todas ellas están asociadas al estrés fisiológico. Por ejemplo, cuando veo un depredador y siento que debo protegerme, digo que tengo miedo. Cuando alguien me insulta o me traiciona y siento que debo confrontarlo, digo que estoy enojado. Ambas emociones generan “estrés fisiológico”, pero a nivel coloquial solemos reservar la palabra “estrés” para lo que nos sucede con los exámenes y el trabajo.
Afortunadamente, la sabiduría popular es precisa, porque los primates también tienden a padecer estrés fisiológico en situaciones que nada tienen que ver con el miedo a un depredador o el enfado contra un traidor. Los orangutanes, babuinos, bonobos, chimpancés y seres humanos sentimos estrés sistemáticamente cuando nuestro estatus se pone en jaque. Aunque esto sea contraproducente cuando el problema sería reprobar un examen o perder el trabajo, nuestro sistema nervioso nunca confundió el examen con un león. En cambio, observa correctamente que nuestro estatus está en juego y promueve una conducta muy concreta pero inapropiada: pelear para cuidarlo.
Este capítulo trata la emoción específica que llamamos “estrés” coloquialmente, desde el nivel de análisis del etostato. Habiendo presentado su utilidad evolutiva dentro del subsistema para navegar dinámicas de reconocimiento, veremos cómo funciona concretamente y cómo se distorsionó en las redes actuales.
Dejarlo todo
Un babuino podría perder su posición dominante en la manada. Sus niveles de glucocorticoides suben. Se pronuncia su respiración, su corazón late más rápido, sus gestos muestran que sufre. Si el estrés se prolongara, aumentarían las probabilidades de que sufra problemas cardíacos o diabetes. Afortunadamente para él, ataca a un babuino de posición inferior y se relaja.
El babuino atacado se estresa y ataca a un babuino más jóven1, que ataca a una hembra, que ataca a un infante. Casi la mitad de la violencia entre babuinos es de este tipo2.
En estas situaciones, desplazar la agresión a miembros de posición inferior es un modo confiable de reducir el estrés3. Si tomás dos babuinos de rango similar, cuanto más agresión se desplaza hacia abajo, más bajan los niveles de glucocorticoides4.
Para los primates, la inestabilidad de las jerarquías aumenta el estrés en general5. Veremos que la violencia de género, el bullying escolar, la violencia contra los pobres y el Ku Kux Klan siguen un mismo patrón: cuando una relación de dominación se tambalea, los de arriba sufren, y tienden a agredir sistemáticamente a los de abajo para mitigar su sufrimiento.
En el capítulo 3, mencionamos que tener una buena posición en la comunidad es un santo grial evolutivo, porque facilita tanto protegerse como obtener alimentos y parejas. En el capítulo 4, mostramos que agredir hacia abajo cuando las jerarquías son inestables tiene utilidad evolutiva, porque en las comunidades pequeñas perder rango implicaba que alguien de abajo nos estaba sacando el lugar. El hecho de que las jerarquías fueran sólo esporádicamente inestables potenciaba la importancia de lo que sucediera en la inestabilidad.
Que una jerarquía sea estable implica que alterar su orden requiere un esfuerzo superlativo. Como lo hemos mencionado en el capítulo 3, esto es porque a los miembros de una jerarquía les conviene preservar su orden, porque hacer lo contrario traería perjuicios. Cuanto más inescapable es el orden estable, más cruciales son los momentos de reconfiguración, porque determinan quiénes cosecharán las posiciones dominantes con poco esfuerzo, y quiénes sufrirán la periferia con mucha dificultad para mejorar su posición.
Por eso, en los fugaces periodos de inestabilidad, los de abajo que se sintieran capaces debían apostarlo todo por subir, y los de arriba debían dejar todo para evitar que los bajaran. En las jerarquías, los beneficios no son lineales respecto del esfuerzo: arriesgar e invertir apenas un poco más puede significar quedar arriba en lugar de abajo, y la diferencia de premios entre quedar arriba y abajo es inmensa. El riesgo y el desgaste de una pelea eran ínfimos en comparación con los beneficios de quedar arriba o el perjuicio de quedar abajo. Por eso, escatimar cualquier esfuerzo sería un sinsentido: cuando las jerarquías son estables, había que dejarlo todo ahora porque ahora se definía todo el futuro.
Por eso, cuando sentimos que nuestro estatus está en juego, nuestro sistema nervioso dispone toda su energía para pelear contra los de abajo, hasta el punto que limita la empatía y la inteligencia.
Sin piedad
Pensar en los riesgos y daños de una pelea para preservar nuestra posición podría llevarnos a descartarla. Como sucedía con el caso del perro razonable del capítulo 2, la razón a veces falla por ser cortoplacista, mientras que la intuición evolucionó para considerar los efectos a largo plazo. Esperablemente, los primates no razonan sobre la estabilidad variable de las jerarquías ni sobre la no linealidad de los beneficios de las peleas. Como la razón podría contener errores, razonar demasiado podría ser contraproducente.
De un modo que podría haber sido conveniente para concentrarnos en pelear, el estrés induce cambios neurológicos que nos vuelven más tercos. Por ejemplo, debilita conexiones en el hipocampo, necesario para incorporar nueva información y deliberar sobre estrategias alternativas6. También debilita la capacidad de alternar la atención entre tareas diferentes7. Asimismo, debilita la actividad de la corteza frontal, relacionada al pensamiento racional, limitando nuestra capacidad de evaluar riesgos y controlar impulsos8. En los episodios de estrés, la intuición toma el timón, nos vuelve más irracionales, y apunta contra los de abajo, como si nos pusiera viseras para concentrarnos en la tarea central. Por si fuera poco, también reduce la empatía9.
Razonablemente, el estrés nos lleva a valorar y obedecer más a las jerarquías10. Cuando la inestabilidad nos amenaza, queremos proteger la jerarquía que nos alberga. Además, apoyarnos en la obediencia es más fácil cuando nuestro cerebro más nos invita a no reflexionar.
Además de promover patear hacia abajo para preservar el lugar, el estrés lleva a dar un manotazo final al sentir que este se pierde, como si llevara a explotar a los de abajo mientras se pueda antes de los tiempos de vacas flacas. Esto impacta especialmente en la violencia sexual. Por ejemplo, el neuroendocrinólogo Robert Sapolsky afirma que en sus 30 años de observar babuinos en África Occidental, todas las “violaciones” que pudo observar fueron perpetradas por ex-jerarcas horas después de haber perdido su posición dominante11.
El sistema está admirablemente afinado para una dinámica monstruosa. Cuando combinemos el estrés con las distorsiones de las redes que mencionamos en el capítulo 3, veremos que gran parte de la violencia social humana nace directamente de la interacción entre el viejo estrés y las redes nuevas.
Lo más importante del estrés es que es una emoción superlativamente preparada para sobreponerse a la razón. Con ella, más que con cualquier otra emoción, no podemos razonar o concientizar para reducir las dinámicas violentas que emergen de las redes nuevas. Por eso, enfrentar la violencia emergente que asedia a nuestra sociedad requiere indefectiblemente diseñar redes que promuevan conductas más solidarias12.
El bullying
En las comunidades pequeñas, el estrés tiene una dinámica similar a la que hemos descrito en el párrafo anterior. El bullying en las escuelas es un caso concreto de violencia inducida sistemáticamente hacia abajo, como forma intuitiva de cuidar el propio rango por parte de adolescentes inseguros.
El programador y ensayista Paul Graham observó que el bullying tiende a ser mayor cuando los rangos no están anclados en alguna dinámica externa sino que se sostienen por sí mismos13. Por ejemplo, los grupos en que los rangos se asocian al rendimiento deportivo o intelectual tienden a generar menos violencia de ese tipo, mientras que cuando los rangos se sostienen exclusivamente en las dinámicas de poder entre estudiantes, la violencia por estrés tiende a aumentar.
Como el estrés aumenta con la inestabilidad, tener rangos estables reducen la violencia emergente por estrés. Por eso, cuando apoyar los rangos en factores externos mejora su estabilidad, se reducen estas formas de violencia. Por eso, muchas veces el bullying se reduce en organizaciones distintas a las escuelas, como las empresas o los equipos deportivos. Sin embargo, existen excepciones que mencionaremos más adelante.
Un adelanto a las distorsiones del estrés que podemos observarse a nivel escolar es el inducido por la inestabilidad externa de las jerarquías. Cuando una persona que tenía un rango menor en una jerarquía quiere mudarse o fundar otra jerarquía para estar mejor, tiende a ser atacado por los miembros de la jerarquía que está perdiendo un seguidor. Se trata de la típica imagen de la secundaria en que el grupo de los “populares” ataca y menosprecia a los “alternativos”14.
Distorsión del estrés
En los aviones, cuando los pasajeros de clase turista pasan por enfrente de los de primera clase, tienden a tratar peor a las azafatas que si no lo hicieran15. Cuando aumenta el desempleo, aumenta la violencia doméstica16. Lo mismo sucede cuando el equipo favorito pierde un partido de fútbol en forma inesperada, lo cual implicaría una pérdida de rango a nivel deportivo17. Aunque el estrés siempre fue despiadado contra sus víctimas, sus presentaciones actuales tienen la particularidad de que no generan beneficios a los victimarios18.
La primera distorsión que afecta al estrés es la “neblina de Dunbar” que mencionamos en el capítulo 3. Como nuestro rango vincular es limitado en relación a la sociedad, el estrés percibe una imagen incompleta de las jerarquías reales, tanto a la hora de considerar si el rango propio disminuye como a la hora de elegir contra quién desplazar la agresión hacia abajo. Nuestro rol en la sociedad no cambia en absoluto según si pasamos enfrente de pasajeros más adinerados o no, pero nuestras emociones son miopes y perciben sólo lo que sucede a nuestro alrededor. Por eso, la derrota en el estadio de fútbol o la comparación en el avión nos hacen sentir que nuestro lugar en la sociedad cambió, pero sólo porque nuestra miopía social nos hace sentir más arriba o más abajo según hacia dónde estamos mirando.
Por otra parte, en la sociedad moderna coexisten múltiples jerarquías. Esto es una diferencia crucial con las comunidades pequeñas y de una sola jerarquía para las cuales el estrés se había adaptado. En la actualidad, alguien puede trabajar en una empresa, dar clases en un colegio y tener una familia al mismo tiempo, y su limitado rango vincular nunca le mostrará las jerarquías completas. En cambio, mostrará personas que están arriba y abajo, sin distinguir a qué jerarquías pertenecen, porque el etostato no está preparado para hacer tales distinciones19. En consecuencia, perder el puesto en la empresa podría llevarlo a ser un docente más autoritario y un padre más irascible, es decir, a desplazar la agresión hacia abajo en jerarquías distintas a aquella en la que está perdiendo poder.
El efecto anterior tiene una interacción fatal con los cambios en la estabilidad de las jerarquías. En el capítulo 3, habíamos explicado que las jerarquías actuales tienen más estabilidad interna porque crecieron en tamaño, pero infinitamente más inestables a nivel externo debido a la disputa de redes20.
En las jerarquías actuales, el jefe de una compañía puede perder estatus por perder cuota de mercado contra otras empresas. Automáticamente responde estresándose, lo cual limita sus habilidades cognitivas y lo lleva a dormir peor y perder el apetito. Para peor, quienes están abajo en su rango vincular son sus subordinados en la empresa. En lugar de enfrentar a sus adversarios, el estrés lo llevará a insultar a sus aliados en la disputa entre empresas. Ellos, estresados, también dormirán peor y perderán la capacidad de concentrarse. El clima laboral empeorará integralmente, y el ciclo podrá retroalimentarse generando daños cada vez mayores.
A nivel social puede suceder algo parecido. Supongamos que la clase media pierde poder económico. Esto sucede, por ejemplo, cuando el poder se concentra en pocas manos. Incluso en esos casos, el estrés apunta automáticamente contra los de abajo, aumentando la animosidad hacia los pobres, inmigrantes, o beneficiarios de políticas sociales21. Al mismo tiempo, el estrés aumenta la simpatía para con los jerarcas y reduce la capacidad de reflexionar para ver la imagen completa. En una combinación fatal, las decisiones políticas y sociales de la clase media empoderan a los de arriba y perjudican a los de más abajo, lo cual echa aún más leña al fuego cuando perdemos poder porque lo acaparan los de arriba. Así, la violencia inducida por la desigualdad creciente enfrenta a pobres contra pobres. El estrés, que nunca se preparó para lidiar con crisis económicas, especulación financiera, o acaparamiento monopólico de sectores económicos enteros, induce bolas de nieve de crueldad22.
En el extremo, la crueldad del estrés quiebra el ánimo y la voluntad de las víctimas hasta el punto de inducir la depresión. Las bolas de nieve de crueldad que pueden surgir de la interacción entre el estrés y las jerarquías actuales generan líderes autoritarios naturalmente. En casos extremos, la violencia excede la humillación e induce matanzas indiscriminadas, sadismo entre viejos amigos, y los episodios terroríficos que avergüenzan nuestra humanidad.
Como en una tragedia griega en que las propias premisas encierran la catástrofe final, las distorsiones de la red conducen al estrés humano hacia los comportamientos más crueles y monstruosos del reino animal. Entonces, la violencia contra los débiles se nutre de la terquedad, la inclemencia, la insensatez y la obsecuencia para formar una tormenta perfecta, despiadada, atroz.
Estrés crónico
Cuando la inestabilidad de las jerarquías era esporádica, había que apostarlo todo en las esporádicas ventanas de volatilidad para cosechar los frutos fácilmente cuando las jerarquías volvieran a cristalizarse. Por eso, la respuesta fisiológica del estrés dispone toda nuestra energía en el corto plazo, a tal punto que es insostenible en el largo plazo.
Interrumpir la digestión y el sueño durante periodos breves era un módico precio a pagar por maximizar la probabilidad de quedar bien parado cuando la situación se calmara. Cuando estas interrupciones se extienden en el tiempo, debilitan el sistema inmune, traen úlceras estomacales e inducen problemas cardíacos. El estrés desvía la energía de procesos importantes en el largo plazo, y posterga procesos como el crecimiento, la reparación de tejidos o la reproducción23. El estrés prolongado también aumenta el riesgo de hipertensión, problemas metabólicos y diabetes24.
Desafortunadamente, la constante capacidad de que las jerarquías crezcan implica que el lugar de los jerarcas es establemente volátil. La actualidad no permite dormirse en los laureles porque el crecimiento de otra jerarquía siempre puede desplazar a la nuestra. El estrés era una emoción diseñada para ser esporádica en un mundo en que la volatilidad de las jerarquías también lo era. Además de producir matanzas atroces y cruentas, el estrés en la red actual mata a quienes lo padecen de maneras silenciosas.
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Cita de sapolsky: a beta-ranking male baboon loses a fight to the alpha, and he chases the omega male ↩
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Cita de sapolsky: Among baboons, for example, nearly half of aggression is this type—a high-ranking male loses a fight and chases a subadult male, who promptly bites a female, who then lunges at an infant. ↩
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Likewise with baboons—if you are low ranking, a reliable way to reduce glucocorticoid secretion is to displace aggression onto those even lower in the pecking order. It’s something similar here— ↩
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Cita de sapolsky: My research shows that within the same dominance rank, the more a baboon tends to displace aggression after losing a fight, the lower his glucocorticoid levels - ↩
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Cita de sapolsky: The amygdala is linked to social uncertainty in other ways. In one neuroimaging study, a subject would participate in a competitive game against a group of other players; outcomes were rigged so that the subject would wind up in the middle of the rankings. Experimenters then manipulated game outcomes so that subjects’ rankings either remained stable or fluctuated wildly. Stable rankings activated parts of the frontal cortex that we’ll soon consider. Instability activated the frontal cortex plus the amygdala. Being unsure of your place is unsettling. → C. Zink et al., “Know Your Place: Neural Processing of Social Hierarchy in Humans. ↩
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Cita de Sapolsky: In rats, monkeys, and humans, stress weakens frontal connections with the hippocampus—essential for incorporating the new information that should prompt shifting to a new strategy—while strengthening frontal connections with more habitual brain circuits ↩
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Cita de Sapolsky: Stress compromises other aspects of frontal cortical function. Working memory is disrupted; in one study, prolonged administration of high glucocorticoid levels to healthy subjects impaired working memory into the range seen after frontal cortical damage. Glucocorticoids accomplish this by enhancing norepinephrine signaling in the PFC so much that, instead of causing aroused focus, it induces chicken-with-its-head-cut-off cognitive tumult, and by enhancing disruptive signaling from the amygdala to the PFC. Stress also desynchronizes activation in different frontocortical regions, which impairs the ability to shift attention between tasks → ( ↩
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Cita de Sapolsky: Frontal function—working memory, impulse control, executive decision making, risk assessment, and task shifting—is impaired, and the frontal cortex has less control over the amygdala. And we become less empathic and prosocial. ↩
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Cita de Sapolsky: Does stress decrease empathy? Seemingly yes, in both mice and humans. ( ↩
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Cita de Sapolsky: Exactly as with Us/Them-ing, people are more likely to conform and obey at times of stress, ranging from time pressure to a real or imagined outside threat to a novel context. In stressful settings rules gain power. → Tiene sentido, cuando estás estresado querés fortalecer la regla de la jerarquía, y “pensás menos” por tu cuenta. ↩
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Cita de Sapolsky: I’ve observed a remarkable example of this among the baboons that I’ve studied in East Africa. Over the thirty-odd years I’ve watched them, I’ve seen a handful of instances of what I believe warrants the seemingly human-specific term “rape”—where a male baboon will forcibly vaginally penetrate a female who is not in estrus, who is not sexually receptive, who struggles to prevent it, and who gives every indication of distress and pain when it happens. And each of these instances has been the act of the former alpha male in the hours after he has been toppled from his position. ↩
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Me habría gustado, por costumbre, hablar de “conductas más humanas”. Lamentablemente, el estrés, y todo el etostato, es irremediablemente humano. ↩
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https://paulgraham.com/nerds.html ↩
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Cita de Sapolsky: Las escuelas muestran estas dinámicas en pequeñas escalas porque impiden a los “alternativos” alejarse de los “populares”. Esto es una distorsión de pequeña escala, ya que hace decenas de miles de años, las jerarquías podían alejarse geográficamente unas de otras. ↩
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“Physical and Situational Inequality on Airplanes Predicts Air Rage,” PNAS 113 (2016): 5588 ↩
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Cita de Sapolsky: when unemployment rises, so do rates of domestic violence ↩
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Cita de Sapolsky: Or consider a study of family violence and pro football. If the local team unexpectedly loses, spousal/partner violence by men increases 10 percent soon afterward (with no increase when the team won or was expected to lose). And as the stakes get higher, the pattern is exacerbated: a 13 percent increase after upsets when the team was in playoff contention, a 20 percent increase when the upset is by a rival. => Cuando el equipo favorito equipo pierde, la violencia doméstica propiciada por hombres aumenta un 10%. Esto no sucede cuando el equipo esperaba perder, y por lo tanto no se modificó ninguna jerarquía. Cuando es en eliminatorias, la violencia aumenta un 13%, y aumenta un 20% cuando el que gana es el clásico. ↩
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Esto es, ningún beneficio material, más allá del beneficio fisiológico y subjetivo de mitigar el estrés. ↩
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Sí distingue entre “los nuestros” y “los otros”, pero las respuestas conductuales de las emociones que mencionamos no distinguen tanto entre tipos de “Los nuestros”. ↩
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Esto es, la disputa entre jerarcas por seguidores a medida que las jerarquías crecen. A medida que la tecnología habilita la emergencia de jerarquías mayores, las jerarquías compiten por seguidores para crecer en una dinámica que presiona por crecer o perecer. ↩
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El primer libro de esta colección, Patrones: economía para redes, aplica el paradigma de la red a la economía. Las leyes de funcionamiento de las jerarquías permiten comprender mejor las dinámicas de poder económico. En particular, permiten comprender la tendencia del poder económico a concentrarse y los factores que inducen el autoritarismo de ciertas jerarquías. ↩
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Cita de Sapolsky: despite the conservative nightmare of class warfare, of the poor rising up to slaughter the wealthy, when inequality fuels violence, it is mostly the poor preying on the poor. ↩
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Cita de Sapolsky: Moreover, during stress, long-term building projects—growth, tissue repair, and reproduction—are postponed until after the crisis; → Sin cita ↩
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Cita de Sapolsky: do the same thing chronically because of a stressful thirty-year mortgage, and you’re at risk for various metabolic problems, including adult-onset diabetes. → Sin cita ↩